

El siguiente relato fue compartido por Onix Cordero, quien ha recopilado testimonios de personas mayores que conocieron o escucharon directamente sobre la actividad minera en la zona conocida como Las Minas del Dorado, ubicado en Buenos Aires de Puntarenas en las Sabanas Bugu. Este relato se publica con su autorización.
La historia de las llamadas Minas del Dorado se remonta a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. Distintos vecinos de la zona han relatado la existencia de túneles, expediciones extranjeras y la extracción de minerales en la montaña.
Uno de los primeros recuerdos del señor Cordero sobre estas minas se remonta a cuando era muy joven, entre los 17 y 20 años. En esa época, un hombre mayor le habló por primera vez de la existencia de túneles mineros en la zona. Este le contó que dichas minas habían sido trabajadas por extranjeros, principalmente ingleses, a quienes comúnmente se les llamaba “gringos”.
Los extranjeros llegaban por mar hasta Puntarenas, continuaban hasta Dominical y, desde ahí, emprendían el viaje a pie hacia la montaña. En el lugar organizaban expediciones, conseguían peones locales y comenzaban a escarbar en distintos puntos. A estas excavaciones las llamaron Las Minas del Dorado, donde supuestamente seguían un “hilo de oro” que atravesaba los túneles.
Al volverse poco rentable la extracción, las minas fueron abandonadas. Como ocurre con muchas personas que se marchan con la intención de regresar, los mineros dejaron herramientas dentro de uno de los túneles: ollas, cucharas, platos, picos, palas y otros utensilios de trabajo, pero nunca volvieron.
Con los años, Onix Cordero continuó investigando y escuchando a distintos vecinos mayores de la zona, y así surgieron nuevas versiones sobre lo que realmente se extraía en las minas. Algunos testimonios sitúan la actividad minera alrededor de 1900 a 1910. Un vecino de Buenos Aires le contó que su padre había trabajado allí, pero afirmó que no se trataba de oro, sino de un material pesado que supuestamente se mezclaba con aluminio para darle mayor temple y flexibilidad a los cuchillos.
Otra versión indica que no se trataba ni de oro ni de ese material, sino de plata. Don Licho Saldaña, vecino ya fallecido, sostenía que se trataba de una mina de plata de gran magnitud, incluso afirmando que era una de las más grandes de Latinoamérica. Según él, los túneles se extendían por debajo de la montaña hacia el Kamuk, y de allí se extraían muestras de plata.
Con estas diferentes versiones no se logró determinar cuál era el motivo exacto de los túneles, pero sí se confirmó su existencia. Uno de ellos es claramente visible y está bien definido. Otro, donde supuestamente quedaron las herramientas, Onix lo tiene localizado, aunque actualmente se encuentra tapado.
La historia vuelve a aparecer en la década de 1970. En esos años, un hombre llamado Luis Granados, mientras trabajaba volteando montaña, le contó a Onix que un gringo llegó a la zona con un mapa detallado en el que estaban marcados todos los túneles de las minas: diez en la parte alta y uno solitario, grande y más importante, en la parte baja.
A raíz de estas historias, un grupo de vecinos de Buenos Aires visitó las minas en esos mismos años para observar los túneles, pero no regresaron más.
Otro testimonio que Onix Cordero recuerda es que el padre de Ziriaco Villanueva era el encargado en Buenos Aires de conseguir los peones para los trabajos mineros. No se sabe cómo se comunicaba con los extranjeros, pero cuando estos llegaban, él ya tenía un grupo de hombres preparado. Desde Dominical hasta la montaña, el trayecto se realizaba a pie, y en algunas ocasiones se utilizaban caballos para transportar el material pesado extraído de las minas.
En algún lugar del mundo debe existir, según Onix, un registro de este mapa. Mientras tanto, las historias de Las Minas del Dorado, contadas por Onix Cordero, permanecen en la memoria de todos los que hemos oído hablar de este lugar.
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